Existen ocasiones en las que el espíritu del pueblo deja de ser una entelequia para darle una patada en el tobillo a la realidad. Hace unas semanas me encontraba pensando en Ibáñez, el creador de Mortadelo, y rumiaba que si hay alguien en España que merezca un premio Princesa de Asturias de las Artes es él, entre otros. Pensé en escribir un artículo sobre ello y crear un banner para mover un poco el cotarro. En el peor de los casos al menos alguien se echaría una sonrisilla.

Pero mientras dejaba reposar la idea, escribí una entrada sobre Ibáñez para mi sección Cartas de Urías. Ese articulillo sólo me dejó con más hambre de otro, esta vez centrado en la petición del Princesa de Asturias para Ibáñez.

Sin embargo, antes de lanzarme a ello, busqué en Internet y, maravillas de la naturaleza, un grupo de gentes de la misma catadura que un servidor se me había adelantado. Ahora tengo dudas si no habría leído algo sobre ello anteriormente y quedó enterrado en mi subconsciente para aflorar hace unas semanas y ahora creo que es una idea nacida de mi mollera cuando no lo es. Cosas de viejo.

Pues bien, aunque se me hayan adelantado en la petición y ya no tenga sentido pedir lo que ya está pedido, los chavales que han presentado la candidatura solicitan que se envíen emails a la Fundación Princesa de Asturias para respaldarla. La fecha límite es el 24 de este mes, pero no me voy a quedar con las ganas. En esta página podéis ver cómo mandar vuestros correos electrónicos para respaldar la candidatura de Ibáñez. Yo, por mi parte, la voy a enviar ahora mismo y voy a colocar aquí el texto que voy a incluir.

A quien corresponda

Vayan estas líneas a mostrar mi apoyo a la candidatura de Francisco Ibáñez al Premio Princesa de Asturias 2021.

Francisco Ibáñez es una figura capital en el mundo del cómic. No solo en el ámbito nacional sino también en el internacional, situándose como uno de los referentes globales en el humor absurdo, el slapstick gráfico y la creación de iconos visuales reconocibles allende nuestras fronteras.

Pero más allá de sus valores artísticos, Ibáñez es un símbolo de concordia nacional, siendo capaz de dibujar sonrisas en los rostros de los más encarnizados y polarizados rivales. Y no porque apele a un espíritu común de bondad y generosidad sino igualándonos en la risa dislocada, la torpeza, la gamberrada, las meteduras de pata… enseñándonos sin pretenderlo al pequeño y mezquino ser humano que anida en cada uno de nosotros y permitiéndonos reírnos de él sin límite.

Y sin embargo sólo basta escuchar a Ibáñez para saber que nada de ello es al azar. Conoce el medio como los mejores y su capacidad de trabajo es asombrosa. También conoce a su público con una minuciosidad encomiable y se entrega a él sin resquemor. Sabe reconocer el valor del cómic como plataforma para iniciar a los niños en la lectura, pero los adultos que crecimos con él volvemos a caer en las delicias de la banalidad surrealista que nos arranca una carcajada desde el corazón. Necesitamos reír más.

En estos tiempos turbulentos en los que la seriedad, la circunspección, el miedo, la ira y el enfrentamiento parecen dominar plácidos lugares comunes de añoradas décadas pasadas, Ibáñez se mantiene como un baluarte de todo lo que amábamos y que poco a poco se ha ido desvaneciendo. Necesitamos más Ibáñez y necesitamos reconocerlo y reconocérselo.

No dudo que, si estuvieran vivos, el jurado estaría complacido de conceder un Princesa de Asturias a Charles Chaplin, Buster Keaton, Groucho Marx, Miguel de Cervantes o el anónimo autor del Lazarillo de Tormes. Todos ellos maestros del slapstick en sus propios medios tal y como Francisco Ibáñez lo es en el cómic.

Hagámonos un favor, reconozcamos en vida y convirtamos en un ejemplo a seguir a Francisco Ibáñez otorgándole un Princesa de Asturias de las Artes.

Muchas gracias y saludos

Ahí queda la cosa. Suerte.

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