Creo recordar que vi del Profesor de Música una tarde fría y nublada de otoño en Madrid a principios de la década de los 90. Pero sólo creo. Ya saben cómo es esto de la memoria cuando uno se hace viejo. De esos plácidos engaños me queda una sensación de día nublado de otoño en Madrid. El Profesor de Música huele a eso.

Se siente también como una mirada a cierto amor lejano y perdido, o tal vez, inexistente y jamás vivo excepto en sueños de letras. Un amor silencioso de miradas y gestos reprimidos. La compostura domina un sentimiento indefinido en el que el deseo se enreda en las formas y los fondos. La admiración, la pasión, la edad, la osadía, el recato.

Yo ya casi no voy al cine y no sé si siguen haciendo películas de este pelaje. Creo que no. Mi mente engañosa dice que no. Las Mejores Intenciones de August. Paris Texas de Wenders. Ojos Negros de Mikhailkov. Cuando veo alguna película de estilo similar pienso que destilan banalidad, habitan sólo las formas como una imitación estética mal entendida. Aburren. No dicen nada nuevo. Pero estoy más que convencido que es cosa mía.

Yo la vi en mi mocedad sentimental. Donde todavía estaba aprendiendo a conocerme. Donde el platonismo de los sueños pueriles aún me atenazaba. Donde quemaba puentes cada noche. Y en una edad de destrucción de los sueños infantiles, El Profesor de Música los sostuvo un poco más. Quizá los mantuvo vivos y escondidos en su metraje ahora neuronal.

Hoy, ya pureta, he llegado a desconocerme totalmente. Renuncio a las verdades sólidas y tengo a aquel idílico Profesor de Música con sus romances velados, sus maravillosas arias y sus fabulados concursos y mercados, como un rincón precioso de sentimientos ya extinguidos. Viendo el Profesor de Música recuerdo lo que era ser joven y estúpido, y me gusta tanto.

Ah, y la música es cojonuda. Disfrútela que de momento se puede ver en youtube.

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De vocación sus labores, este viejo podría haber hecho algo de provecho si no hubiera sido él mismo. Podría haber sido el peor de los periodistas si no se lo hubiera propuesto. Podría haber sido un gran hombre de ciencia si la inteligencia, el talento, la tenacidad y una mente despierta le hubieran acompañado. Podría haber sido un artista si hubiera gozado de la impostura. Es por eso que es arduo poner notas biográficas de quien apenas ha vivido.

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