Visualice esta imagen. A media mañana de un jueves como hoy, las musas del aniversario se le aparecen y le recuerdan que su colegui cumple años tal día como hoy. Ufanamente agarra su teléfono móvil y deslizando la yema de su dedo índice a través del teclado virtual con velocidad y habilidad propias de un poli de Minority Report se dispone a escribir Felicidades, cuando él, el supermóvil que usted todavía está pagando y que está en perfectas condiciones salvo por esa esquina desconchada víctima de un sobrinito manazas, le devuelve la siguiente palabra: Ferocidades. El predictor de texto lo ha vuelto a hacer.

Toma manejo.

Sucede a diario. A millones de castellanoescribientes de todo el globo. Alguien, en alguna recóndita guarida, suelta una carcajada que hiela los aullidos de los lobos en la noche y que sólo el trueno y su relámpago osan romper. Ese malhechor villano se regocija del éxito de su plan para que cada vez que quieres escribir una palabra de uso corriente te la sustituya por otra que jamás has oído y cuyo uso requeriría una complicada concatenación de circunstancias. Tiene que ser eso, porque sólo una mente retorcida salida de un tebeo o un libro de ciencia ficción barata puede urdir un plan para distorsionar los mensajes de varios cientos de millones de seres humanos. Desde mi básico rudimentario uso del inglés también puedo corroborar que el corrector de texto de los móviles no se ceba sólo con el español.

Me asalta también la duda de quién ha podido querer incluir la palabra ferocidades en el diccionario de español del móvil, pero no incluye otras formas compuestas que al final tienes que teclear letra a letra. Sí, ya sé que si escribes despacio y usando dos manos, sale felicidades a la perfección y el predictor funciona de manera más que aceptable. Pero si tratas de ser raudo o te estás comiendo un helado y no eres de pulgar XXL pues te vas a acabar encontrando con resultados de los más jocosos.

Ojo, que no me estoy quejando de que el predictor funcione mal. Lo que huele a rancio es por qué se dilapidan preciosísimos y escasos recursos digitales en palabras como ferocidades. ¿Cuánta gente ha usado ferocidades en su propia acepción? Cariño, voy para casa, acabo de salir porque el jefe ha desatado sobre mi una serie de ferocidades que ya te contaré. Besos. Vamos, un mensaje de lo más normal.

Como tengo instalado el diccionario en inglés, en otras ocasiones me aparecen apellidos ingleses. Justo me acaba de aparecer Brampton. No sé ni que palabra intentaba escribir. Brampton ha devorado mi atención por completo. Si no incluye Riquelme ¿por qué debe estar Brampton? No conozco a ningún Brampton, ni a su señora. El dato de la señora de Brampton no es superfluo. Hay que considerar que los guiris, cuando se casan, borran el apellido de la sumisa esposa para poner el del macho. Eso supone que duplican el número de Bramptons pero diezman el del Peabodies (siempre y cuando ese fuera el apellido de la deliciosa señorita que le dio el sí quiero al necio de Brampton, que no sabe la perla que se lleva a casa). Por otro lado, el hermano de la deliciosa Ms Peabody borrará para siempre el apellido de su esposa cuando pasen por la vicaría o el juzgado. Mientras la proporción de Peabodies y Bramptons se mantenga no hay problema, pero ay cuando en uno de esos vaivenes del infortunio demográfico surja una camada varonil especialmente profusa de Hickinbottoms. Usted amigo se puede encontrar tratando de escribir aparcamiento y ser agraciado con un Hickinbottom a cambio. No conozco a ningún Brampton, ni a su señora, ni por supuesto tampoco conozco al nefando reproductor en serie de Hickinbottom, pero conozco a más de un Riquelme. ¿Qué le ha hecho a usted Riquelme para que no incluya su apellido en el predictor de texto?

Es por ello que la ortografía de EL POLLO, en un nuevo arranque de altruismo y labor por el bien de la comunidad comienza con ferocidades una lista de términos que deben ser erradicados sin miramientos de los chips de los móviles. Quien quiera escribir ferocidades que lo haga letra a letra. Esa debe ser su cruz y calvario por dejarse llevar por la extravagancia verbal. Prometemos ponernos en contacto con quien quiera que esté encargado de mantener dicho diccionario al tiempo que iniciamos una búsqueda en Google Maps de la guarida del malvado maligno que urde sus maléficos planes de conquistar el mundo a través del predictor de texto. Exigiremos la erradicación de ferocidades y la suspensión temporal de Brampton, o la inclusión de Riquelme.

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