Tiendo con demasiada frecuencia a fantasear qué derrota acabará tomando el mundo en alas de la tecnología. Me sorprende la sagacidad de autores visionarios como Orson Scott Card en la Saga de Ender, que supo atisbar la gamificación de la violencia mucho antes de que se dejara la vida de cualquiera en manos de imberbes asesinos jugueteando con sus drones desde cómodos sillones ergonómicos e impersonales pantallas monocromáticas. OSC también supo ver el poder manipulador de las redes sociales con vertiginosa clarividencia cuando internet era sólo una cría de teta.

Casi todo lo de Asimov está por acontecer y no parece que la humanidad esté en camino hacia el futuro halagüeño con que comienza Fundación o tengamos la estructura social y la madurez espiritual para crear Multivac o el cerebro positrónico. Ciberiada de Stanislaw Lem cautiva también por su paradójico y escheriano argumento sobre la transversalidad golemiana entre los hombres y los robots, y en el delirante vagar de Ijon Tichy por el tiempo uno no puede sino rezar porque todo sea cierto. Quizás por haberme dado con fruición a la lectura de este tipo de bobas cábalas es por lo que mi seso está poblado de multiversos improbables.

En uno de esos picores vivos que me hormiguean en el coco desde hace varios años me hago el muerto en la piscina de la política en tiempos que no son estos. Observando la frustración de todo tipo de gentes con sus coyunturas vitales pienso en qué sucedería si cada uno pudiera elegir el mundo político en el que quiere vivir.

Imagine usted que Papá Estado se cansa de ser lo que es y de sus quejas y decide reinventarse electrónicamente. ¿No se queja usted de sus impuestos? No se preocupe, ya no va tener que pagar nunca más. Si quiere usar una carretera pagará por ella en el momento en que la use, como paga la leche cuando quiere tomarse un vasito con sus galletas. Ahora, si le roba el vecino y quiere llamar a la policía, tendrá que pagarla, y si atrapan al ladrón y quiere usted que vaya a la cárcel pues tendrá que pagar jueces y sistema penitenciario.

Claro que para eso se inventaron los planes ahorro y tarifas planas. El plan Ciudadano Sano también le incluirá seguridad social y jubilación, mientras que la Tarifa Plana Cuidadano 100 también le incluye el subsidio por desempleo y educación y cobertura para toda su familia e hijos. Además, por sólo un poco más al mes puede elegir su presidente y su color. Nada de cambios. Su ídolo político le gobernará para siempre encarnando la ideología que a usted le ponga.

También hay descuentos en estas tarifas planas si usted decide legislar. A la larga es una opción más cara y exige haberse pasado los niveles iniciales pero es la más divertida ya que le permite poner nuevas reglas y conocer gentes con las que intentar hackear el sistema para aprovecharse de él. Aunque es difícil. Al sistema, por su propia salud, no le interesa que haya muchos delincuentes, o podría suceder que los usuarios cancelaran su suscripción en masa, colapsando todo el sistema.

Por supuesto estamos hablando de los grandes operadores políticos, pero ello no supone que ésta sea nuestra única opción. Al contrario. Usted siempre cuenta con la oportunidad de diseñar su propio mod con sus amigos. Fascistas, comunistas, liberales, cristianos, budistas, fans de Rihana, supremacistas o del Real Madrid. Deje de vivir rodeado de incómodos compañeros y forme parte de comunidades con sus mismos gustos y con acceso a servicios exclusivos sólo para usted. Sólo es cuestión de pagar la suscripción. Pero ya sabe lo que se dice en la calle, la Unión Europea para el que quiere, Mónaco para el que puede. Aunque, ¿qué será de Monaco cuando los demás tampoco paguen impuestos?

Puede ser lamentable que desempleados y pauperizados ciudadanos se den a la delincuencia en mayor número ante su incapacidad de encontrar con qué pagar su sistema, o que determinados trabajos obliguen a suscribirse a algún plan, y que determinados sistemas se pongan de acuerdo con otros para subcontratar servicios, o que … En fin, ya sabe. Espero que vea por dónde voy y lo complejo que podría ser todo en comparación con el simplismo del nunca suficientemente bien ponderado Papá Estado.

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