Pocas disciplinas están exentas de presencia en el Panteón. Las artes sonoras venidas a menos encuentran su reposo en las galerías de Esténtor. Es allí donde se encuentra Eurovisión, el engendro que bien podría ocupar por sí sólo un museo sobre instrumentos de tortura.

Eurovisión reúne todas las características que hacen execrable la música. Pésimas melodías para manidas letras atacando ramplonamente temas más sobados que el morro del jabalí de Florencia. Idolatrización de ícaros de pacotilla en un formato a medio camino entre una votación de las Naciones Unidas y una elección de delegado de clase de bachillerato.

Es por ello que la estatua elegida para homenajear a Eurovisión consiste en una representación de una familia de clase media con atuendo pikolín situada en derredor de un televisor que solo puede ser intuido por el visitante del Panteón gracias a dos antenas de cuernos que sobrepasan el perfil de sus pétreos videntes. La familia, absorta en su contemplación audiovisual, se encuentra rodeada por una alambrada espinada sin puertas pero con un cartel que reza «Eurovisión os hará libres».

«Eurovisión tiene la virtud de sacar lo peor de cada nación, de cada canción y de cada cantante para elevar la música a alturas merecedoras del más cruel de los olvidos», dice la Guía Completa del Panteón Deslustrado, que puede ser adquirida en la tienda del mismo a un precio más que digno.

La propuesta de representar Eurovisión en el Panteón, a pesar de la fuerte vitalidad del concurso, fue encabezada por Doña Clara de Torquemada quien mencionó que no es tanto un monumento al evento como a sus víctimas. «La creatividad, el arte, la música en definitiva», Doña Clara mencionó en la junta que examinó la propuesta. Hubo unanimidad.

Doña Clara narra en sus memorias cómo decidió llevar el caso al Patronato del Panteón tras analizar la reacción de distintos animales ante un programa completo de Eurovisión. Su experiencia contrastó que únicamente aquellos seres humanos con un desprecio manifiesto hacia el buen gusto son capaces de verse expuestos a Eurovisión sin que su personalidad se vea mancillada. En palabras de Torquemada: «Más mancillada». La humanista intuye traumas y carencias entre los sujetos que más disfrutan de Eurovisión. En sus propias palabras: «Es que hay gente muy cascada». Anota la filántropa, que por otro lado, que los animales de compañía de aquellos impertérritos que osan seguir el concurso han desarrollado la capacidad de bloquear sus sentidos y alcanzar un estado de trascendencia cercana a la iluminación oriental. La mera pronunciación de la palabra Eurovisión desencadena un reflejo pauloviano equiparable una vida completa de entrenamiento en el ascetismo y las disciplinas de introspección mental. Obviamente aquellos seres desprovistos de los medios sensoriales adecuados no mostraron reacciones adversas acusadas… al menos con los métodos de medición de los que la científica disponía en el momento de realizar el estudio. El resto de seres vivos, incluidas ciertas plantas, mostraron un rango de reacciones que iban desde el retraimiento depresivo a la agresividad más cruel. Cabe destacar que De Torquemada se sintió abrumada por los efectos en los animales y decidió cancelar los experimentos cuando un grupo de titís roció con excrementos la pantalla del televisor y entre alaridos lastimosos trató de bloquear sus orificios auditivos con distintos elementos a su alcance provocándose heridas de diversa consideración y alcance.

De cualquier modo, el Panteón destaca en su Guía que el gusto por Eurovisión sigue siendo un buen elemento para ponderar la calidad musical, la profundidad cultural y la riqueza espiritual de las gentes. Inversamente proporcional, por supuesto.

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De vocación sus labores, este viejo podría haber hecho algo de provecho si no hubiera sido él mismo. Podría haber sido el peor de los periodistas si no se lo hubiera propuesto. Podría haber sido un gran hombre de ciencia si la inteligencia, el talento, la tenacidad y una mente despierta le hubieran acompañado. Podría haber sido un artista si hubiera gozado de la impostura. Es por eso que es arduo poner notas biográficas de quien apenas ha vivido.

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