Principio y fin de la civilización humana. Unidad que muestra la precisa convención del valor para todo a lo que puede ponérsele precio. Es por ello que una gran generalidad de humanos tome el dinero como medida de todas las cosas.

Como fidedigna imagen del valor universal, el dinero nos permite conocer con aguda precisión cuan valiosos son los distintos trabajos, posesiones y merecimientos. De ahí que los más incansables trabajadores y las mentes más audaces de este mundo sean al tiempo las que más dinero atesoran, dando muestra de que es su acumulación con frecuencia la mejor manera de conocer el valor de cada cual. Asimismo, no es descabellado barruntar que aquellos que más dinero cuentan para sí, sean los que más infatigablemente trabajan y los que poseen mentes más brillantes.

Mas no es oro todo lo que reluce en el mundo del dinero, que es el mundo entero. Su posesión es capaz de despertar envidias insanas en amigos, familiares e instituciones que, innoblemente, tratarán de esquilmar las riquezas tan denodadamente conseguidas. Estas envidias suelen anidar en almas mezquinas y menores que, carentes de talento, urden despojar de sus frutos más preciados al obstinado productor, en ocasiones hasta haciendo caso omiso de la decencia y la ley.

No obstante, si el usurpador consiguiera formar una alcancía de monto potente y escapar a las vigilantes autoridades que velan por su integridad, invariablemente vería reconocidos sus talentos y el valor de los trabajos que le han llevado a ello, habitualmente forzando un giro copernicano en la moral pública. El cambiante marchamo puede ser observado en la cultura popular, donde el modo de vida de traficantes, desfalcadores, timadores y trinqueteros de distinta catadura son entronizados gracias a su relación con el peculio.

Otra característica de la pasta es su capacidad para imprimir dinamismo y espíritu emprendedor a todos los estratos de la civilización, habiendo un continuo relevo y alternancia entre los acaudalados y existiendo tábula rasa para todos aquellos que quieren acceder a él.

Su importancia capital se ve refrendada por la amplia variedad de instituciones que hacen del dinero su razón vital. Bancos, herarios, punitivas, seguros, fuerzas de seguridad, jueces, legos, estudiosos y comerciales viven por y para el dinero, si no completamente, al menos con una gran parcialidad. No hay faceta de la vida ajena a él. La cuna y la tumba, el plato y la cama, los llantos y los gozos, todo se troca y muda manoseado o acariciado por el dinero.

Sirve también, además de para hacer brillar las perlas con las que sucintamente se engalana su poseedor, para adquirir una infinita panoplia de imprescindibles y caprichos. Es con frecuencia, según entendidos, el recurso más visitado para encontrar mancuerna. La erótica del pecunio es más patente que la del poder.

Quede cristalino que el dinero mide únicamente bienes y servicios, por lo que los intangibles que escapan a esta categorización, quedan siempre a resguardo de su influencia. El amor, la amistad y otros sentimientos nobles y puros siempre saben convivir con el dinero si son realmente sentimientos nobles y puros. Malas lenguas habitúan decir que el dinero corrompe esos y otros sentimientos, aunque siempre es más sencillo ver el hollín en la moneda que la ponzoña en el alma.

Se han creado escuelas de pensamiento sobre cómo hacerlo y deshacerlo, donde amarrarlo y soltarlo, cómo hacerlo respetable y confiable a su pesar, cómo hacer que llegue a las manos que nos interesa en la cantidad que nos place, cómo medirlo y cómo ignorarlo. Todas, absolutamente todas ellas, han acertado y han sabido domeñar el dinero a su antojo. Es por eso que el dinero yace completamente subyugado a merced de las juiciosas labores de mujeres y los hombres que no hacen más que ennoblecerlo y ennoblecerse con su trato.

O no.

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De vocación sus labores, este viejo podría haber hecho algo de provecho si no hubiera sido él mismo. Podría haber sido el peor de los periodistas si no se lo hubiera propuesto. Podría haber sido un gran hombre de ciencia si la inteligencia, el talento, la tenacidad y una mente despierta le hubieran acompañado. Podría haber sido un artista si hubiera gozado de la impostura. Es por eso que es arduo poner notas biográficas de quien apenas ha vivido.

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