No lo puedo evitar. Muchas veces observo cómo se mancha el nombre de gentes consideradas héroes hace cuatro días y me hierve la sangre. Las hordas de inquisidores civiles que asolan el mundo no dejan títere con cabeza. Nadie les ha preguntado, pero tienen comentarios para cualquier tema. Se yerguen en jueces sin oposición ni oficio y crucifican a quien no se puede defender, en la mayoría de las ocasiones. Ay mi Quevedo si viviera. Qué gran filón.

Y yo, como viejo chocho y desnortado que soy, lejos de tratar de convencerlos de sus erróneos planteamientos, he decidido unirme a sus huestes. Si ellos pueden mancillar inmaculadamente yo también lo puedo intentar. Si sus argumentos están respaldados por la más fina demagogia yo también puedo aportar mi granito de pus.

El mero hecho de que los comparen conmigo hará que se ruboricen. A partir de ahora, en inquisición civil tendrán un referente más del que avergonzarse.

En este planeta infecto existe un solar de tierra calcinada donde se ha erigido un panteón que da cobijo a los nombres de todos aquellos que, aunque inmaculadamente vestidos de blancas e interesadas sayas, al olor de la sospecha merecen un examen más meticuloso de sus ropas interiores.

¿No corre ya sudor frío por la espina dorsal de algunos? ¿No estáis deseando abrirme la yugular otros? Ya me gustaría que sólo me leyeran los que se están descojonando, pero no puedo evitar levantar pasiones, incluso a mi edad.

A lo que iba y basta ya de grutescos. Que bajo este título tengo la idea de darle un repaso a muchos personajes que se les han escurrido entre las zarpas a nuestros queridísimos censores de pacotilla. Uno, que es generoso, promete echarles una mano con varios candidatos.

No esperen encontrar aquí a nadie que esté vivo. Esos se podrían defender. Ni a nadie que ya tenga mala prensa o sea objeto de odios públicos. Esos son malos conocidos y yo me intereso más por los peores por conocer.

Cobardía, demagogia e ira. Las tres musas del inquisidor civil ya son mías.

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De vocación sus labores, este viejo podría haber hecho algo de provecho si no hubiera sido él mismo. Podría haber sido el peor de los periodistas si no se lo hubiera propuesto. Podría haber sido un gran hombre de ciencia si la inteligencia, el talento, la tenacidad y una mente despierta le hubieran acompañado. Podría haber sido un artista si hubiera gozado de la impostura. Es por eso que es arduo poner notas biográficas de quien apenas ha vivido.

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