Albricias Joab

Este enemigo parece haber claudicado del frente y haberse retirado con su artillería a las plácidas orillas del anonimato mas sigue vivo su recuerdo y témome que su herencia tenga más alcance ahora que el demonio digital no solo arenga nuestras huestes. Es pues preciso, Joab, conocer bien a nuestro adversario para saber dónde debemos armar celada.

Jesús Quintero es la pregunta. Sin aspirar a ser Sócrates, Quintero socratizaba a sus invitados. Muchas veces las preguntas espoleaban el ánimo apesadumbrado de un idealista fatigado, en otras ocasiones llevaban encerrada la semilla convertida en flor de vergüenza en la respuesta. ¿Qué es el amor? ¿Qué le cabrea? ¿Qué es lo más importante que se puede hacer en esta vida? ¿Cómo llevas la crítica? ¿Ellos quiénes son? Ya ves Joab, ¿cómo osaba tal pornografía con respetables? ¿Qué engalanos eran esos para sus visiblemente complacidos compinches?

Y luego los silencios. Quintero usaba los silencios como hierros candentes retardados. Las miradas. Las caladas o los tragos. Pocos podían escapar de una segunda y probable bochornosa explicación a lo que un buen guantazo hubiera sido una respuesta más adecuada, si no fuera que era Quintero.

¿Por qué sus preguntas me llevan a pensar en el sueño de la ilusión de un lugar donde la inteligencia y el sentido común tienen voz? Este tipo ha ilustrado la España que trata de escapar de su barbarie mediante la razón o el arte y la España que hace arte de la propia barbarie, ya sea con desparpajo, ignorancia o locura. Sí, Joab, precisamente la España que hemos tratado con tanto denuedo de sepultar.

Y cuando ha conseguido trincar a uno de los nuestros no lo ha temido. No Joab. ¿Puedes creerlo? El cargo, la importancia, el abolengo, todo por lo que vivimos ha sido nada para él. A veces motivo de juego, otras ha sabido trocar el orgullo en joroba. Ha querido mirar más allá, con todo lo que ello supone. Peligro Joab. Muy peligroso. Más de uno a comenzado a pensar que puede pensar por sí mismo. Que no está solo. No nos podemos permitir eso, Joab.

Cuidado. Cuidado con Quintero. Cuidado con su herencia. Ya lo predicó él mismo. “Gentes de corazones generosos y tipos duros que te escupen por el colmillo de la rabia. Me he sentado con artistas, pícaros, golfos, videntes, maricones y putas. A todos les he otorgado el beneficio del talento y con sumo respeto he tratado de arrancarles algo de su verdad. Políticos, cantantes, poetas, científicos, colgados, perseguidos, maltratados, todos, todos se han tomado una copa en esta colina. Por supuesto la pagué yo”.

Sí Joab, navega y pervierte su herencia. Trolea. Hecha pestes. Que los que se aferran a él tengan menos a lo que aferrarse cada día. Busquemos en el olvido el sueño de la razón que no nos deja despertar.

Presto Joab.

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