Escucha Joab

Hoy tienes un reto mayor que los anteriores. Esta vez no es un solo individuo. Esta vez es todo un grupo. Y no creas que es de esos grupos con un cabecilla y sus acólitos. Éstos son todos igual de peligrosos para mí y para vos. 

Ya sabes que los mayores peligros se esconden frecuentemente tras embaucadoras presencias. Les Luthiers son así. Tras engolados trajes de etiqueta y meticulosamente hacendadas puestas en escena en las que hacen gala de sus ingenios musicales se mofan de nosotros. Nos ridiculizan envenenadamente. Porque no son de bravata al ajeno sino de encarnar la estulticia en sus carnes en forma de académicos y cultos mequetrefes. Si no me crees, contempla ahora con atención parte de sus fechorías.

¿Qué te parece? Tal vez, Joab, en tu simpleza y bondad no veas más que un grupo de humoristas. Y puede ser que incluso no llegues a comprender los ríos de jerigonza cacofónica y dobles sentidos con que disfrazan sus estupideces. Y tal vez pienses que no son peligrosos porque no proponen ningún desafío al poder y sólo se solazan en la risa. Pero es esa falta de dogmatismo, de dejarse vencer a los placeres de la carne lo que en realidad me desasosiega sobre ellos.

Sabes que nosotros dependemos de masas ciegas. Y estos fabricantes de instrumentos y canciones no son flautistas de Hamelín. Porque todo lo que considero que los demás deben tomarse en serio es motivo de risa para ellos y sus seguidores.

Los odio Joab, y aunque confiaba que el tiempo fuera a relegarlos al olvido, una nueva generación de Luthiers ha cogido el relevo para seguir llevando a Mastropiero por el mundo. Debemos hacer algo Joab. Llama a tus amigos hackers, usa a los ofendiditos, cualquier táctica es buena, pero por favor, haz que destrocen su verborrea maldita.

Por favor Joab, ¿sabes cómo hacer olvidar a Les Luthiers? ¿Conoces la pócima?

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