Escucha Joab

He hallado otro que llevar a la línea del frente. Entrado en años como es, no cesa de pergeñar sandeces que recorren como un reguero de pólvora la imaginación del populacho. El rojo y el facha pueden llegar a aparcar sus diferencias cuando alguna estupidez parida en la retorcida mente de Francisco Ibáñez se tropieza entre sus odios.

Sí Joab, el humor otra vez. El perro humor que corroe todo aquello por lo que hemos hecho derramar sangre. El único que llevamos batallando y pírricamente sufriendo desde que nos enzarzamos en esta cruzada eugenésica. Otra vez reclamo que sitúes, esta vez a Ibáñez, en lo más reñido y peligroso de la batalla. Deja que cualquier otro haga lo que deseamos sin mancharnos las manos.

Quizá te confunda su benévolo aspecto de anciano sabio y quizás tus más rabiosos canes no entiendan qué mal puede hacer alguien que ha proporcionado tanta alegría a más de un pueblo. No te dejes engañar. Detrás de su absurdo gracejo se esconde una sátira que todavía no hemos podido arrinconar ni callar.

Que no te confunda el hecho de que pase por ser un humilde historietista. No te lleves a engaño con Mortadelo y Filemón, Rompetechos o Sacarino. No te rías Joab. Sé que lo estarás haciendo cuando leas estas líneas. Pero más allá de trompazos, disfraces, calvas de dos pelos, mostachos populosos, monos azules, bocadillos dantescos, botijos con telarañas, barbas que crecen en una viñeta y una miríada más de estupideces, se esconde el arte de hacer reír a todos. Y por ende mostrar cuan absurdo somos todos. Ellos y nosotros. Sí, Joab, este maldito humor nos iguala lo mismo que la parca.

Pero regocijémosnos. Al menos es español y eso nos da garantías de que nunca será profeta en su tierra. Si hubiera nacido allende la piel de toro ya le hubieran reconocido todo lo que ha hecho por su compatriotas. Y mira que algunos se obstinan en picar ascuas pidiendo el Princesa de Asturias para Ibánez. Pero tranquilo Joab, con España vamos sobre seguro.

De todos modos Joab no te confíes y llévalo al fragor de los hotentotes y que nadie encuentre tintas ni sonrisas cuando quiera mentar a Francisco Ibáñez.

Joab, observa al enemigo.

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