Ay Joab

Soñé con monstruos de colores. Deliré. Me hablaban, se transformaban, no eran humanos, ni de este tiempo ni de ninguno. No eran monstruos como los nuestros. No inspiraban terror, mas sí desasosiego. No traían peligro ni paz.

Agitadamente me revolví en una cama bañada en sudores fríos y agrios para despertar incómodo. Y recordé a Miyazaki y su enferma mente. No dudé que mis pesadillas bebían directamente de sus turbulentas aguas.

¿Cómo puede alguien no temer a Miyazaki si los miedos de otros son su diversión? ¿Cómo puede ser que alguien que pone nuestro esencial maniqueismo entre las cuerdas sea idolatrado? ¿Dónde iremos a parar si los malos no son tan malos ni los buenos tan buenos?

No te dejes engañar Joab, no, por la poesía de sus trazos. Una rosa esconde espinas y Miyazaki es un rosal en flor.

Pero quizás, lo más peligroso, es lo descarnadamente humano de sus personajes. Oí decir que no hay mejores actores que sus caricaturas. Oí comentar que aquel que pueda mostrar en la pantalla todo lo que un personaje Ghibli calla, será considerado un actor para la eternidad.

Dicen que Miyazaki ya no está en el frente. Que habita la trastienda de su armada de lápices y tintas pero que ya no tiene la fuerza del coloso que ha sido. Temedle Joab. Ponedle en lo más reñido de cualquier lance. Haced que fracase. Sabed que es amargo en la derrota pero resuelto en la contra. Sabe lanzar la caña en su mente y esperar a que la inspiración se trague su potera.

No os dejéis engañar. Puede parecer el más nipón de los nipones. Pero su sensibilidad sabe alcanzar las almas huidizas de los incómodos. Sus palabras destilan más pavor cuando están ausentes.

Ay del niño que recuerda sus sueños cuando es adulto.

Escúchame Joab.

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De vocación sus labores, este viejo podría haber hecho algo de provecho si no hubiera sido él mismo. Podría haber sido el peor de los periodistas si no se lo hubiera propuesto. Podría haber sido un gran hombre de ciencia si la inteligencia, el talento, la tenacidad y una mente despierta le hubieran acompañado. Podría haber sido un artista si hubiera gozado de la impostura. Es por eso que es arduo poner notas biográficas de quien apenas ha vivido.

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