No acuda a internet a buscar qué es el Síndrome Denholm porque lo acuñó el Guaja una tarde en que se debatía sobre economía en la Cerve. Lo clavó esta vez.

Ya he comentado en otras ocasiones que el Guaja posee una verborrea humorística que hace aguas la mayor parte de las veces, pero en ocasiones salva a todo el pasaje de la Cerve ante un inminente naufragio de aburrimiento. Esta fue una de esas ocasiones.

Juan Luis el Informático contaba que acababa de haber visto la película sobre Steve Jobs. Que no le había gustado mucho pero que había que reconocer que el tío había sido un lince en eso de la informática y un visionario en los negocios. El Picao, sin saber mucho del tema pero teniendo en la lengua varios nombres, no perdió la ocasión de meter baza:

—Dicen que Bill Gates ha sido más grande en informática y que el de Facebook es más vivo y el calvo de Amazon más resabiao pa las cuentas, pero que el Elon Musk les supera a todos. Aunque el Amancio Ortega tampoco se queda corto— disparando un latigillo de Rafael el de la vieja guardia que atento al quite entró al trapo.
—Hombre, paisano mío, a veces a pinchao en hueso, pero a fuerza de meter los riñones y mantener la querencia está cortando orejas y rabo en medio mundo. Me da que todos esos que has nombrado tienen más sentido que un toro. Pero es que los gallegos tenemos casta pa los negocios, algo que no se tiene en el resto de la península quizás— hasta ahí podíamos llegar, debió pensar el Catalán.
—Venga don Rafael todo el mundo sabe que para para empresarios empresarios, los catalanes. Sin desmerecer a los gallegos, hay que reconocer que muy pocos son profetas en su tierra. Pero Cataluña es tierra de empresas, eso sí, con el distintivo seny para honra del mismísimo Adam Smith.

El Guaja, con un eeeehhhhh in crescendo, apagó el conato de incendio verbal que siempre arde en las leñas de los presentes cuando el Catalán hace de las suyas.

—Permítaseme la injerencia pero hablar de todos esos prohombres de los que se estamos hablando siempre me recuerda a Denholm Reynholm de la serie de televisión IT Crowd. El tío, dueño de una exagerada empresa, haciendo balance de su trayectoria dice algo así como cuando comencé la empresa sólo tenía dos cosas, un sueño y seis millones de libras esterlinas, para rematar la escena diciendo, señores, no quiero sonar arrogante cuando digo que soy el hombre más grande del mundo. Pues eso, que me parece que hay muchos en esa élite con el Síndrome Reynholm. Lo del sueño me lo creo como creo que ahí es donde acaba la parte bonita. Los seis millones de esterlinas pues como que también. Aunque te vendan la moto de orígenes humildes todos tuvieron los riñones acolchados después de éxitos más que ramplones. Nadie se hubiera convertido en lo que son ahora si alguien no les hubiera prestado dinero. Por último, no sé si dentro de casa irán en calzoncillos mientras se comen un perrito caliente y el ketchup les resbala desde la comisura de los labios mientras cantan algo así como soy la hostia ye, ye, ye, o cuan cuáquero de manual de Weber llevan vidas ascéticas agradeciendo a la entidad mística de su elección la fortuna que han tenido al hacer fortuna. No sé si se creerán que son los tíos más grandes del planeta, pero sí hay legiones de creyentes en ese dogma y que idolatran a estos profetas con peanas fiduciarias. Y sin embargo, y al contrario de Denholm Reynholm, ninguno de ellos me ha conseguido sacar la más mínima sonrisa.

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