Ayer por la noche me llamó el Guaja. «Poeta, ¿me invitas a desayunar mañana? Yo llevo los churros». Sostá hecho.

El tío llegó puntualmente a las 9 con media de porras y media de churros. Yo tenía el cafelito listo que en esto de los churros no hay que andarse con tonterías. En tiempos mozos no le he hecho ascos a las porras de barra que ya han olvidado el amor del churrero, pero llegados a esta inminente senectud, los churritos y el café deben estar calientes. En mi casa paterna no hay manera de hablar de churros sin que alguien tercie «churritos calientes para los abuelitos sin dientes». Nos lo inculcó mi padre desde bien pequeños. El amor a los churros y la frasecita. Algún día tengo que preguntarle de dónde viene.

Volviendo a la tostá. El Guaja entró con un buenos días estentóreo para saludar a la familia.

—No te molestes no querían verte y se han largado todos— le recibí.
—Más bien les he dado excusa para perderte de vista un par de horas. Probablemente están celebrándolo en alguna macrodiscoteca.
—Sí, eso encaja más— reímos los dos.
—Cómo está el patio Poeta. ¿Has visto lo de la guerra de Ucrania?
—Como pa no verlo. Aunque mejor no verlo. Nunca había escuchado tanta propaganda, pero claro, la propaganda es cosa de guerras.
—Qué me vas a contar, ya me he visto arrastrado a varias trifulcas por ir en plan de aquellos polvos. ¿Recuerdas las que tuvimos en la Cerve cuando se cepillaron al gobierno prorruso?
—Aro, aro. Por menos han entrado los americanos hasta la cocina y alicatado hasta al cocinero. Yo no lo veía venir, pero no me sorprendió ni un ápice. Ara, los gringos la están pasando en grande. La treta les ha salido que ni pintada. Dos tenderos rivales tirándose las verduras de lado a lado de la calle. Mientras, ellos azuzan la gresca pa seguir sacando tajada. Y que no falten las soflamas, por muy foscas que sean. Da lo mismo que la peña la casque en nombre de no sé en verdad qué. Paece que la vida pesa menos que algunas ideas.
—Eso le decía yo al Fernandiño, que en to este tema hay mucha geopolítica, mucho oleoducto por medio y mucho tirar la piedra y esconder la mano. Vamos eso es lo que le quise decir, aunque contigo se me pega el verso. Pero macho, hay gente con la que no se puede hablar. To son biblias o capitales. O ambas cosas.
—¿Al Fernandiño? ¿Has vuelto a las andadas? No merece la pena serle infiel al Gengis.
—Ni que lo digas, pero uno se foguea en donde puede. El otro día hablé con Adolfo por teléfono. Llamé pa preguntarle como andaba y a quién había votado.
—Qué mala leche tienes Guaja. ¿Y qué te dijo?
—Me mandó a tomar por culo como es de recibo.
—Je, je. Estará disfrutando con el revuelo político.
—Pa mi todo esto de Vox, la caída de los partidos grandes en Francia, las revueltas en el norte, etc. huele a problemas sin resolver que van haciéndose bola en la boca. Por un lao tienes a un montón de gente a la que no le gusta el derrotero tomado en Europa en inmigración. Hay mucha gente que no traga el islám. Puedes decirlo más suave pero la gente siente que el islamismo invade Europa. Europa ha derramado mucha sangre para poner sus religiones donde están ahora, así que es normal que una religión como el islám acojone. Desde luego los tiroteos de islamistas no ayudan a visualizar su lado dulce. Por otro lado están los que tratan de desvincular la violencia de la religión en sí misma y de la inmigración. Unos aspiran a una coexistencia que se resiste a llegar mientras otros querrían rebobinar al blanco y negro. Pa mí ambas cosas son muy difíciles y seguro que traumáticas.
—Ya veo por donde vas. Haberlas, haylas. Ese es un tema de enjundia que no se puede discutir si uno no está acodao en la barra del Gengis. ¿Don Aurelio se ha vacunao?
—Claro. Le tocó de los primeros del barrio.
—Me gustaría saber qué es lo que piensa. Seguro que por joder, se pondría del lado del diablo, como siempre.
—Como siempre.
—Seguro que también tiene algo que decir sobre el baile del Évole con el rico ese.
—¿Qué pasó? ¿No me he enterao?
—Pues que un rico dijo algo así como que le parece que la carrera de periodismo le parece ridícula porque no sabe qué les enseñan y el Évole se hizo el sorprendido y no quiso entrar al trapo. Seguro que estaba amañao o el muy cuco dejó que el otro se manchase.
—Mi sobrino estudió periodismo y un día le estuve preguntando y me dijo que les enseñan un poco de todo. Economía, historia, técnicas de redacción, política, derecho, muchas cosas. Aunque el tío tampoco es que sudara mucho. Siempre estaba de farra.
—Pos eso, que si no sabes lo que se estudia en periodismo pues no digas nada, porque el que queda en ridículo eres tu. Tener pasta sólo te hace bueno en hacer pasta, así que una opinión como esa te deja a la altura del betún. Zapatero a tus zapatos.
—Ese tío no aguanta un round de Don Aurelio.
—Ni en sueños.
—Bueno poeta, me voy que tengo que echar el euromillones y ayudar a Adolfo.
—¿Qué me dices tunante?
—Je, je, que venía sólo por joder la marrana. Que Adolfo llegó ayer y voy a echarle un cable a calentar la barra. Me dijo que iba a limpiar temprano y que abriría a media mañana.
—¿Serás mamón? Qué alegría, cojones. Espera que me visto.

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