7. Los malavenidos

Séptima

Dejemos vagar al grupo de poniente en sus idas y venidas en busca de un lugar por donde vadear el riacho y centrémonos en el otro grupo, el que puso rumbo a levante. Sin el alivio que supone tener una ración de gamba plancha de vez en cuando, el grupo que se encaminaba hacia oriente las pasó canutas y no porque tuvieran que enfrentarse a catástrofes, sino porque era un grupito para darles de comer aparte.

Sobre todo porque los miembros de la semitribu levantina no se ponían de acuerdo en nada. Mejor dicho, a priori, estaban en contra de cualquier cosa que dijera cualquier otra persona, incluso aunque no la hubiera empezado a decir. Su principal punto de cohesión había sido oponerse a la tribu de poniente. Pero claro, eran una bomba de relojería. A los 100 metros de haberse separado del grupo de poniente llegaron a una duna y comenzaron las disensiones. Unos querían rodear la duna y otros querían subirla. Una panda de respondones amenazó con reunirse con el grupo que había ido hacia occidente si no se elegía su ruta. Y aunque en esa ocasión se salvó la crisis, pues estaba claro que no querrían admitir ante el otro grupo que querrían ir con ellos, ya se veía que la estabilidad no era uno de sus puntos fuertes.

Tras varias jornadas a la vera del mar y un sospechoso vientecillo y oleaje que parecían indicar que habían metido la pata hasta el fondo, los ánimos andaban caldeaditos y la primera escisión sucedió. Una centena de malavenidos confesaron estar hasta las narices de buscar un sitio donde para vadear el río. Manifestaron su más profundo desagrado por el mar, el agua, la arena y el salitre y dijeron que se volvían a las cálidas colinas de Tassili lejos de brisas marinas y cuerpos bronceados.

Y para allá que se volvieron, aunque les costó encontrar sus amadas cuevas varios miles de años. Mas cuando finalmente llegaron a Tassili y celebraron adecuadamente el evento, algunos de los miembros de la semi-semi-tribu confesaron que no les gustaba Tassili y que querían ir a ver el mar del que tanto le habían hablado sus antepasados durante la milenaria búsqueda de Tassili y conocer a los otros miembros de la tribu. Así que hubo una nueva escisión y se marcharon otra vez en busca del mar y esperanzados de poder encontrar algunos descendientes de los primeros aventureros.

Y también, como sucedió a sus antepasados, tras varios cientos de años, cuando llegaron al mar, comenzaron a discutir hacia qué lado dirigirse. Y esta vez, no por amor a la discordia, sino por eficiencia, decidieron dividirse de nuevo. Si alguna vez existió el homus habilis yo creo que no nos tocó genéticamente, al menos en cuanto a orientación y sentido común.

Pero así es nuestra historia. Muchos vaivenes, separaciones y reencuentros. Porque a pesar de que siempre ha habido y hay mucho malavenido, cabezonería y ganas de discutir en la tribu, por encima de todo siempre nos hemos echado de menos y hemos sido una piña cuando ha habido tiempos duros. No lo podemos evitar.

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