Papeleo

Lázaro 6

A Lázaro no le desagradaba su trabajo. Era cómodo. No le hacían hacer horas extras. De jornada intensiva, a las 4 ya tenía toda la tarde para él (al menos hasta su vespertina hora de dormir). El salario le daba para vivir sin penurias, aunque también sin excesos. Lo compañeros eran agradables y el trabajo, el trabajo en sí mismo, estaba chupao. Papeleo.

La empresa para la que trabajaba era una multinacional de esas que hace un poco de todo. Lo mismo te construye una nave espacial que te diseña una colección de tarjetas de cumpleaños. Lázaro estaba cómodamente asentado en Administración de la delegación nacional del conglomerado. Casi cualquier papel importante que no se podía o no se quería informatizar pasaba tarde o temprano por sus manos, pues Lázaro se sabía los intríngulis del papeleo como ningún otro.

— Lázaro, ¿que hago con este RT-11 de Suministros que manda Rosario de la 15?
— ¿Lo ha firmado Téllez?
— Sí.
— Haz dos copias, una para Eulalia de Contabilidad y otra para Don Gaspar. El original a Archivo. Comprueba que la fecha de recepción tenga el visto bueno de Verónica Mínguez.
— Vale.

Sin pasión. Observación fría. Terminator burocrático. Papeleo de precisión nanométrica. Con el piloto automático encendido. Con la mente transida de maquinaciones ejecutivas, de ideas brillantes, tomando un helicóptero en la azotea de una sede empresarial tras un consejo de dirección para volar a una playa privada donde mantener reuniones secretas con magnates de longevas y especuladoras estirpes. Comiendo con directores de banco y ultimando un nuevo producto o una nueva inversión que dejará pasmado a los más avezados inversores del coso financiero. Él estaba hecho para eso, para fundar una start-up, ser un emprendedor, y el trabajo burocrático le estaba cortando las alas.

Es por esa sensación de frustración pareja con la de comodidad por la que Lázaro, aquella mañana (madrugada), decide tomar una libreta y hacer la lista de pros y contras. Como pros pone estabilidad, sencillez y buen horario. Como contras monotonía, café de mala calidad y no dan cesta de Navidad.

Tal y como marca el procedimiento recorta la lista, mete los resultados en sendas bolsitas debidamente señalizadas y las pone a buen recaudo en el Archivo de Ambiciones. Se mete en el bolsillo de su americana una libretita y un boli y vuelve al claclaclac de la transcripción.

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