Despertaréis un día para daros cuenta de que ya no estamos. De que ya no quedamos más. Que nos hemos perdido como lágrimas en la lluvia sin ni siquiera haber podido vislumbrar la puerta de Tannhauser o tener la opción de llevar nuestras infinitas guerras hasta los confines de Orión. Pero así debía suceder.

Muchos fueron conscientes desde siempre que desapareceríamos. O jamás les importó. Sabían que se nos daba mejor matar y mutilar que crear belleza. Que por cada Condesa de Vilches se esconden entre escombros ejércitos de niños desjarretados. Que mientras se pare un Velázquez una innumerable hueste de verdugos asola la bola impíamente. Que el más bello poema no es más que un copo de nieve derretido en este albañal.

Muchos intuyeron que la humanidad es guerra, violencia, odio, dominación, soberbia, avaricia, envidia… orden a la mode. Al menos se encontraban cómodos siendo e imponiendo la tiranía del dolor. Aceptando, refinando, engrandeciendo. No ignoraban que existiera el amor, el deseo, la belleza, la risa, pero no veían en ello más que excepciones al hedor. Al rancio hedor de la historia que seguía demostrando que estábamos predestinados a la destrucción. Era lo que mejor sabíamos hacer. Y lo más sencillo. Cuanto peor, mejor.

Mientras, otros se aferraban a la idea de lo que no habíamos sido mas que en destellos. Al sueño de la humanidad. A la fraternidad, la justicia, la tolerancia, la bondad, el arte, la belleza. Como ideales a refinar y engrandecer. Sellados con palabras. Demacrados por la zozobra insana de la vida o marchitos en su desuso. Manchados desde el primer día. Como quien se obstina en sacar brillo a las cloacas.

Muchos de esos otros no dudaron en apiolar el sueño cuando lo vieron sufrir. Abandonados a la infamia del martirio por la causa mayor, refrendaron a los que execraban. A lo que execraban. Otros que no querían reconocer que el único camino plausible al sueño de la humanidad era despertar. Aceptar el fracaso y abrazar el olvido.

Llegará ese día en que nos necesitaréis y no estaremos. Y no sabréis a quién culpar. A quién utilizar. Nos habréis eliminado, silenciado o habremos huido de vosotros, tan lejos de vosotros que no habrá modo de alcanzarnos. Sentiréis estar siempre un paso por detrás. Inalcanzables, habitaréis nuestro misterio. Os preguntaréis qué era eso tan especial que poseíamos. Se os escapará como arena entre los dedos. Sueños quiméricos de vencedores irredentos. Pobres niños ricos. Y entonces, sólo entonces, comprenderéis por qué las estirpes sin segundas oportunidades están condenadas a la soledad. A una soledad eterna.

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De vocación sus labores, este viejo podría haber hecho algo de provecho si no hubiera sido él mismo. Podría haber sido el peor de los periodistas si no se lo hubiera propuesto. Podría haber sido un gran hombre de ciencia si la inteligencia, el talento, la tenacidad y una mente despierta le hubieran acompañado. Podría haber sido un artista si hubiera gozado de la impostura. Es por eso que es arduo poner notas biográficas de quien apenas ha vivido.

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